¿Te resulta difícil concentrarte o tomar decisiones? ¿Tienes dificultades para desconectar después del trabajo? ¿Sientes tensión corporal, en la espalda, cuello u hombros durante el día? ¿Tus dolencias empeorar con la presión laboral o emocional?

Si respondes afirmativamente a cualquiera de ellas, tal vez tu cuerpo esté mostrando signos de estrés. Los investigadores confirman que nuestros niveles de estrés están más altos que nunca y parecen ir en aumento. Aunque una cierta cantidad de estrés es normal e incluso saludable, el estrés constante puede tener un efecto dramático sobre nuestra salud y bienestar.

El estrés “bueno”

En realidad necesitamos una cierta cantidad de estrés para estar sanos. El estrés “bueno” ayuda a tu cuerpo y tu cerebro a crecer con fuerza de formas que son esenciales para tu salud y vitalidad. El ejercicio, por ejemplo, aumenta la densidad ósea, reduciendo la probabilidad de osteoporosis. También aumenta el tamaño y tono de los músculos, mejorando el flujo sanguíneo, la eliminación de residuos y el metabolismo en general.
Una pequeña cantidad de estés puede también contribuir al funcionamiento del sistema inmunitario, ayudándole a incrementar su capacidad para defenderse contra la enfermedad. El “estrés” mental también es importante para nosotros, ya que las investigaciones demuestran que es menos probable que las personas que ejercitan su mente cada día padezcan demencia a su vejez. Los desafíos emocionales nos ayudan a experimentar nuestros sentimientos y volvernos más expresivos.

Tu cuerpo bajo el estrés

Sometido al estrés, el cerebro activa el sistema nervioso simpático, que inicia la respuesta de lucha o huida. Esencialmente el mensaje es: “enfoca tu energía en los sistemas que garantizan tu supervivencia”. Aumentan el ritmo cardíaco y presión arterial, los músculos se tensan e incrementan la frecuencia respiratoria. Al mismo tiempo, tu energía se desvía de todas esas cosas que no se consideran esenciales para la supervivencia a corto plazo, tales como la digestión, reproducción, inmunidad o bienestar emocional.

Tus suprarrenales se activan y el cerebro libera sustancias químicas características del estrés, como adrenalina y cortisol, que te proporcionan más energía y ponen tus sentidos en estado de alerta.

Estrés a muchos niveles

Lo que consideramos estresante para nosotros varía de un día a otro, de momento a momento, de persona a persona. El estrés puede tener efecto dramático sobre el funcionamiento de nuestro cuerpo y nuestra forma de experimentar la vida. Como seres humanos, experimentamos estrés a distintos niveles.

  • Físico: como lesiones, accidentes, movimientos repetitivos, postura prolongada
  • Mental: Estrés laboral, situaciones desafiantes
  • Emocional: Muertes, separaciones familiares, relaciones, dificultades económicas
  • Químico: Aditivos alimentarios, medicaciones, sustancias químicas contenidas en el agua, sustancias contenidas en el aire.

Durante décadas, la ciencia ha confirmado que el estrés puede contribuir a muchas de las enfermedades y trastornos que padecemos en nuestra sociedad. Todo, desde las enfermedades cardiacas, el cáncer, las alergias, los problemas digestivos, las úlceras y la diabetes a la ansiedad, depresión y otras condiciones psicológicas se ha vinculado a los efectos del estrés.

 

Atrapado en la respuesta de estrés

Cuando nos vemos expuestos a un estrés repetitivo o prolongado, la respuesta de estrés natural de nuestro cuerpo se vuelve menos eficaz e incluso perjudicial. Varios sistemas corporales se estresan y están sobre activados.
Nuestro cerebro puede también quedarse “atrapado” en un estado de estrés. Mucho después de que el periodo o factor de estrés. Mucho después de que el periodo o factor de estrés haya pasado, podemos descubrirnos a nosotros mismos respondiendo aun como si el estrés estuviera sucediendo ahora. La ansiedad –sensación de estar estresado, bajo presión o temeroso del futuro- se desarrolla aparentemente sin razón alguna.
Cuando estamos estresados nos volvemos más olvidadizos, perdemos claridad mental, tenemos menor capacidad de decisión y disminuye nuestra concentración. Muchos experimentamos trastornos de sueño, fluctuación de peso y problemas digestivos. También tendemos a hacer más cosas de esas que no son saludables, como beber más alcohol o café, comer mal y no hacer ejercicio.

Manejar tu estrés con la quiropráctica

Bajo estrés, los mensajes del cerebro dicen a tus músculos que se tensen, particularmente alrededor de la columna vertebral, cuello y cabeza. Si el estrés es significativo, constante o repetitivo, puede ocasionar subluxaciones vertebrales. Una subluxación vertebral es una zona que presenta una alteración del movimiento articular, tensión o falta de alineación que interfiere con el flujo de información y energía a lo largo de los nervios espinales y por todo el sistema nervioso. Además de causar interferencias, las subluxaciones son una forma de estrés adicional sobre el cuerpo, y lo mantienen “atrapado” en el ciclo de respuesta al estrés. Las investigaciones demuestran que recibir cuidado quiropráctico de forma habitual puede incrementar tu capacidad de tolerar el estrés, así como ayudarte a aligerar los efectos del estrés sobre tu cuerpo y cerebro.
Al corregir las subluxaciones y ayudar a tu cuerpo a liberar la tensión, la Quiropráctica puede:

  • Mejorar el funcionamiento nervioso, ayudante a pensar con mayor claridad y sentirte más alerta.
  • Aumentar la flexibilidad y movilidad del cuerpo y columna vertebral.
  • Ayudarte a dormir, descansar y regenerarte más eficazmente.
  • Mejorar el funcionamiento del sistema inmunitario.
  • Aumentar el bienestar emocional.
  • Reducir los dolores y molestias tales como el dolor de espalda cervical y dolores de cabeza.
  • Mejorar la capacidad de tolerar el estrés.
  • Incrementar la capacidad de ser más productivo bajo presión y de desconectar cuando sea el momento.

Gestionar el nivel de estrés

El estrés es un aspecto normal de nuestras vidas que puede tener un impacto dramático sobre nuestra salud si es constante o prolongado. En vez de eliminar el estrés de nuestras vidas, lo importante es descubrir métodos para gestionarlo con eficacia.
Ayuda a tu cuerpo y sistema nervioso a funcionar lo mejor posible. Se ha demostrado que el cuidado quiropráctico reduce significativamente los efectos del estrés sobre el cuerpo y mejora la capacidad de tolerarlo.

  • Come adecuadamente: comer alimentos saludables y frescos es esencial para proporcionar combustible al cuerpo y ayudarte a tolerar el estrés.
  • Evita los estimulantes como la nicotina, el alcohol la cafeína, ya que elevan tu ritmo cardiaco y afectan al sueño.
  • Haz ejercicio con regularidad: las actividades moderadas como caminar o nadar pueden ayudarte a aliviar el estrés, así como a liberar las hormonas “felices” naturalmente.
  • Respira: profundamente y hasta la base de los pulmones, en vez de tomar respiraciones cortas y superficiales. Esto te ayuda a sentirte más tranquilo y calmado.
  • Medita, relájate, descansa y duerme: son cosas esenciales para restablecer el equilibrio del cuerpo y ayudar a aquietar una mente preocupada, que a veces “va a toda velocidad”.
  • Comunícate: hablar con amigos seres queridos o pedir ayuda a un asesor profesional puede ser útil si te sientes estresado y abrumado.
  • Enfoca tu atención en lo que estás haciendo en un momento determinado, en vez de pensar en el pasado o preocuparte por el futuro.
  • Planifica por adelantado: da prioridad a hacer las cosas importantes y urgentes primero cada día. Permitir que aumente la presión puede incrementar tu nivel de estrés.
  • Busca tiempo para la diversión: las actividades de ocio como practicar deporte, socializar o pasar tiempo en la naturaleza son esenciales para tu salud y felicidad.

Estrés Crónico o constante

Sometido al estrés, nuestro cuerpo se adapta de forma increíblemente eficaz. El cuerpo humano, no obstante, no fue diseñado para funcionar bajo un estado de estrés permanente o crónico.
El estrés a largo plazo puede tener efectos muy potentes sobre nuestro cuerpo, entre los que se incluyen:

  • Un mayor riesgo de padecer una apoplejía o enfermedad cardíaca.
  • Susceptibilidad a la infección y descenso de la capacidad inmunitaria.
  • Dolores y molestias como el dolor de cabeza, de espalda o trastornos inflamatorios.
  • Disminución de las funciones cerebrales, como la memoria.
  • Aumento del riesgo de depresión y ansiedad.
  • Aumento y fluctuación del peso.
  • Disminución de la capacidad de utilizar la insulina eficazmente en el cuerpo y alteraciones del metabolismo.
  • Insomnio y otros trastornos del sueño.
  • Disminución del funcionamiento del sistema reproductor.
  • Aumento de la incidencia de alergias, tales como afecciones cutáneas.