¿Por qué tenemos miedo? - Centro Quiropráctico Innato

¿Por qué tenemos miedo?

¿Te has preguntado alguna vez por qué tu corazón se acelera y no puedes pensar con claridad cuando tienes miedo?

-Tu cerebro pone en marcha una serie de respuestas elaboradas y coordinadas para ayudarte a estar a salvo. Los cambios físicos -desde lo más profundo del cerebro hasta los músculos de las piernas- se producen en segundos.

Todos son reflejos desarrollados evolutivamente y ocurren con bastante rapidez.

El miedo es una emoción humana que se desencadena al percibir una amenaza. Es un mecanismo básico de supervivencia que indica a nuestro cuerpo que responda al peligro con una respuesta de lucha o huida. Como tal, es una parte esencial para mantenernos a salvo.

Una importante disciplina de las ciencias de la salud es la denominada psiconeuroinmunología. Literalmente, este término significa: la mente (psico-) controla el cerebro (neuro-) que, a su vez, controla el sistema inmunitario (inmunología).

Cuando la mente percibe que el entorno es seguro y favorable, las células se centran en el crecimiento. Las células necesitan crecer para mantener el funcionamiento saludable del organismo. Sin embargo, cuando se enfrentan al estrés, las células adoptan una postura de protección defensiva. Cuando esto ocurre, los recursos energéticos del organismo, normalmente utilizados para mantener el crecimiento, se desvían a los sistemas que proporcionan protección. El resultado es que los procesos de crecimiento se ven restringidos o suspendidos en un sistema estresado.

 

El miedo comienza en el cerebro

La mayoría de nosotros no tenemos que pensar en respirar, digerir la comida o hacer que nuestro corazón lata. El sistema nervioso autónomo se encarga de estas funciones que consideramos automáticas. Se divide en dos ramas: el sistema nervioso parasimpático (el sistema de descanso y digestión) y el sistema nervioso simpático (el sistema de lucha o huida).

El miedo pone en marcha el sistema nervioso simpático (respuesta de lucha o huida) y provoca cambios corporales que nos preparan para ser más eficaces en caso de peligro:

Las glándulas suprarrenales segregan adrenalina. El flujo sanguíneo disminuye en el lóbulo frontal del cerebro, responsable del pensamiento lógico y la planificación, y las partes más profundas y animales del cerebro -incluida la amígdala- toman el control. La amígdala se activa cada vez que vemos un rostro humano con una emoción. Esta reacción es más pronunciada con la ira y el miedo. Un estímulo de amenaza, como la visión de un depredador, desencadena una respuesta de miedo en la amígdala, que activa las áreas implicadas en la preparación de las funciones motoras de lucha o huida. También desencadena la liberación de hormonas del estrés y del sistema nervioso simpático.

Al igual que un animal que intenta evitar ser devorado por un depredador, todos los recursos de tu cuerpo se desvían hacia un objetivo: seguir vivo. Tu ritmo cardíaco y tu presión arterial aumentan, respiras más rápido y tus músculos se tensan. Tus pupilas se dilatan para que puedas ver la amenaza con mayor claridad.

Algunas personas pueden ponerse sudorosas y enrojecidas o tener las manos frías y húmedas cuando tienen miedo. Esto se debe a que la sangre fluye desde los bordes del cuerpo hacia los músculos interiores más grandes.

Si vas a luchar o a huir, quieres que fluya la mayor cantidad de sangre hacia los músculos grandes del cuerpo.

El sistema parasimpático (sistema de descanso y digestión), responsable de la digestión, el crecimiento celular, la regeneración del descanso y la reparación, se vuelve inactivo para dar prioridad a la supervivencia. Los órganos que no son vitales para la supervivencia, como el sistema gastrointestinal, se ralentizan. El peristaltismo, que es un movimiento ondulatorio en el sistema gastrointestinal que controla la digestión, requiere bastante energía, y tu cuerpo no tiene tiempo para eso cuando estás intentando evitar que te coma un tigre.

Todas las cosas que consideramos como intereses a largo plazo se desvían hacia el interés inmediato: luchar o huir.

Aunque nuestros sistemas pueden acomodarse a períodos de estrés agudo (breve), el estrés prolongado o crónico es debilitante porque las demandas de energía del cuerpo interfieren con el mantenimiento que requiere, y esto es lo que conduce a la disfunción y la enfermedad.

En un estado de miedo constante, las hormonas del estrés cambian el flujo de sangre en el cerebro. En situaciones normales y sanas, el flujo sanguíneo en el cerebro se concentra preferentemente en el cerebro anterior, el lugar del control consciente. Sin embargo, en el estrés CRÓNICO, los vasos sanguíneos del cerebro anterior se estrechan, forzando la sangre al cerebro posterior, el centro de control de los reflejos subconscientes. Simplemente, en el modo de miedo crónico nos volvemos más reactivos y menos inteligentes. El estrés crónico puede conducir a la atrofia de la masa cerebral y a la disminución de su peso. Estos cambios estructurales provocan diferencias en la respuesta al estrés, la cognición y la memoria

La capacidad de resistencia del cuerpo se pierde porque su suministro de energía de adaptación se ha agotado. Esto suele denominarse sobrecarga, agotamiento, fatiga suprarrenal, mala adaptación o disfunción.

Un estudio publicado en la revista Stress & Health encontró una correlación significativa entre la capacidad de las personas para hacer frente al estrés de la vida y la salud de su sistema inmunológico. Los investigadores descubrieron que el estrés excesivo disminuye significativamente la función del sistema inmunitario, concretamente al reducir la actividad de nuestras células asesinas naturales (NK).

¿Y si el estrés y el miedo de estos momentos nos llevan a un estado de salud mucho peor y a una mayor susceptibilidad a las enfermedades?

La ansiedad es el miedo convertido en algo malo

 

La respuesta del miedo está diseñada para hacer frente a peligros físicos inminentes. Pero vivimos en una sociedad y en una época en la que ese tipo de peligros son bastante raros. En cambio, el tipo de peligro que experimentamos es de naturaleza más psicológica o social.

Pero tu cerebro, que tiende a generalizar en exceso, no puede distinguir la diferencia. Eso significa que tu cerebro puede reaccionar ante algo como el incumplimiento de un plazo de entrega en el trabajo de la misma manera que respondería ante algo que realmente pone en peligro la vida, como un accidente de tráfico o un terremoto.

La ansiedad es una respuesta emocional a algo que el cerebro cree que es peligroso, pero que en realidad no lo es

Kari Astley Stephens, Ph.D. Psicólogo clínico

 En realidad, parte de esta ansiedad puede ser buena. Te protege diciéndote que hay algo que se te viene encima y que debes evitar. Por ejemplo, incumplir un plazo de entrega en el trabajo no te matará, pero podría costarte el puesto.

Para las personas que padecen un trastorno de ansiedad, la respuesta cruza una línea en la que ya no es saludable, sino que interfiere en la vida. Digamos que el plazo de entrega del trabajo no es hasta dentro de dos semanas, pero estás tan preocupado por no conseguir terminar el proyecto que no puedes hacer nada más.  O te pone tan nervioso salir por la noche que te pierdes las reuniones sociales. Es entonces cuando deja de ser una ansiedad «buena».

La respuesta física a la ansiedad es muy similar a la del miedo, pero normalmente de menor grado.

Un ataque de pánico, en cambio, es una » reacción pura de lucha o huida».

Es este proceso asombroso, pero si está continuamente sucediendo cuando no quieres que suceda, entonces es un problema. Está diseñado para mantenernos vivos, no para dañarnos.

Preocupación – la enumeración cognitiva y la anticipación de posibles eventos negativos futuros, se asocia con la desregulación autonómica, que a su vez puede tener implicaciones para el sistema inmunológico. – https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10373274/

Cuando las personas viven con miedo constante, ya sea por los peligros físicos de su entorno o por las amenazas que perciben, pueden experimentar impactos negativos en todos los ámbitos de su vida e incluso quedar incapacitadas.

El impacto del miedo crónico

Vivir bajo una amenaza constante tiene graves consecuencias para la salud:

  • Salud física. El miedo debilita nuestro sistema inmunitario y puede causar daños cardiovasculares, problemas gastrointestinales como úlceras y síndrome del intestino irritable, y disminución de la fertilidad. El miedo puede acelerar el envejecimiento e incluso la muerte prematura.
  • Memoria.  El miedo puede perjudicar la formación de recuerdos a largo plazo y causar daños en ciertas partes del cerebro, como el hipocampo. Esto puede dificultar aún más la regulación del miedo y dejar a la persona ansiosa la mayor parte del tiempo. Para una persona con miedo crónico, el mundo parece aterrador y sus recuerdos lo confirman.
  • Procesamiento y reactividad cerebral.El miedo puede interrumpir los procesos de nuestro cerebro que nos permiten regular las emociones, leer las señales no verbales y otra información que se nos presenta, reflexionar antes de actuar y actuar con ética. Esto afecta negativamente a nuestro pensamiento y a la toma de decisiones, dejándonos susceptibles a las emociones intensas y a las reacciones impulsivas. Todos estos efectos pueden hacer que seamos incapaces de actuar adecuadamente.
  • Salud mental.Otras consecuencias del miedo a largo plazo son la fatiga, la depresión clínica y el trastorno de estrés postraumático.

 

Por tanto, tanto si las amenazas a nuestra seguridad son reales o percibidas, afectan a nuestro bienestar mental y físico.

¿Qué es lo que controla tu reacción física al estrés? ¡El sistema nervioso!

Los ajustes Quiroprácticos regulares ayudan a que tu sistema nervioso funcione mejor. Por lo tanto, ayudar a tu cuerpo a adaptarse al estrés siempre cambiante y reducir la ansiedad.

Hernia discal

Oferta 1ª visita

50% de descuento